El lugar donde podés leer la Biblia dentro de un calefón

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jueves, 29 de septiembre de 2016

Roca 11:10 am



Cuántos momentos resignados
Cuánto gris en las paredes
Cuánto blanco y negro por doquier.
Cuántos pordioseros de alegría con panzas llenas y ropa limpia.
Cuántas caras en este tren.

“Por eso hago esto, para seguir viviendo” dijo
y empezó a cantar el tango Caminito de Juan de Dios Filiberto
Marcando el tempo con una maraca azul de cotillón.

Carajo ¡Cuánta cobardía!
 - Qué yugo nos colgaron del cuello simulando ser una cadenita de oro -
Pienso con cara de orto mientras este hombre, al que jubilaron por loco,
sigue cantando fuerte silbando las consonantes en los huecos de su dentadura.

“Una sombra serás, una sombra lo mismo que yo”

El tren se queja su lamento de óxido y olvido sobre esa vida en la que se desliza
de estación en estación.
Una ominosa sensación se palpa aceitosa en la piel sin poder lavarse.
Tapando los poros.
Cortando la respiración.

Gris de nube, gris adentro,
gris donde se pueda mirar.
Cruzando sobre aguas fétidas, llegando a Avellaneda.
Aunque quiera estoy seguro: nadie puede llorar.

Lo aplaudo y le doy unas monedas, y en ese aplauso celebro a quienes se animan
a quiénes entre lo gris pintan algún color
a quiénes realmente lucen una cadenita y no un yugo
Bajo del tren esperanzado.

“Caminito amigo, yo también me voy”

10 comentarios:

  1. Cuantas alegrías perdidas en la sombra del rencor. Un tango en una danza infinita para regresar...
    Saludos

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    1. Gracias por leer y comentar María, fue sin duda un momento bastante tanguero.

      ¡Un abrazo!

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  2. Respuestas
    1. No entiendo, ¿En la poesía o en tu comentario?

      No las encuentro en ambos casos.

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  3. Nada que decir. Está completo. Dice todo lo que tiene que decir.
    ¿Quién fue el hijo de puta al que se le ocurrió que el tren es un lugar sagrado como para hacer ruido en vez de un lugar horrible habitado de tiempo muerto?
    Nada más agrego la tediosa anécdota de estar con gente en el tren quejándose de un chaboncito que subió con bongóes y mi satírico comentario "oh no, música hippie durante quince minutos en los que no haré nada".

    Me encantó.

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    1. Siento una especie de "Retroalimentación de la anestesia" en la que se sacraliza los espacios de viaje, como si no se pudiera hacer otra cosa más que perder tiempo por no poder aprovecharlo.
      Somos un montón de unidades en lugar de un sólo grupo humano.

      Me imagino una sociedad dónde al subir a un bondi alguien te espere con un mate y una conversación grupal.
      Dónde viajes de una hora duren 30 segundos en la mente de tan entretenidos que vamos.

      Pero siempre en interacción con los otros.


      ¡Gracias por interactuar conmigo Zarovsky!

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  4. Muy bueno, Facu, muy sentido. Y un gran uso de tu amplio vocabulario. Genial.
    Saludos.

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    1. Lo venía escribiendo en el teléfono en lo que el tren para Lanús comenzaba a salir de Constitución.

      Esa estación de tren es realmente horrible.

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  5. Como dijo Juan, es una entrada muy sentida y se transmite en el estupendo pasaje donde celebrás «a quienes se animan
    a quiénes entre lo gris pintan algún color
    a quiénes realmente lucen una cadenita y no un yugo
    Bajo del tren esperanzado.»
    Saludos.

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    1. No puedo dejar de sonreír con optimismo ni acordarme del calor del sol incluso en lo más crudo de una tormenta.

      El tipo de la maraca azul cantaba fuerte, con unas letras medio descoloridas. Pero cantaba, viejo, y eso ya era un montón adentro de ese vagón deprimente.

      Esa bandera es la que me gusta llevar, la de las acciones que transforman los lugares que piso.

      (Aunque no haya hecho más que escribir esto, en lugar de cantar con el tipo - como si hice en otra canción, cuando conocía la canción)

      jajaja

      ¡Abrazo fuerte!

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